martes, 26 de febrero de 2013

Gente sin casas... ¿casas sin gente?

Me sorprendió leer una pintada en la pared con la frase que titula esta entrada en el blog. Sinceramente esto ya es una locura, y la madeja está tan liada que la única opción que va a quedar va a ser cortarla (que cada uno extrapole este símil a la situación actual con el optimismo que prefiera aplicar).

Nos ceñimos a la norma vigente y dejamos a un lado el sentido común con el que Dios (o quienes prefieran, la naturaleza) nos ha bendecido para después agradecérselo no usándolo.

La normativa que regula la morosidad bancaria implica que al acumular 4 meses de impagos, el préstamo se considera en mora y se inician las acciones correspondientes. Hace años (no demasiados aunque pareciese que hace un siglo ya), cuando todo era "normal", existía el moroso de nacimiento, mal pagador por naturaleza o incluso en casos el sinvergüenza que con premeditación solicitada una financiación con el plan de impagarlo. Entonces es lógico que todo el peso de la ley recaiga sobre alguien que se presupone que tiene capacidad de pago y, pudiendo, no quiere devolver un dinero que previamente se le ha prestado y que no es suyo.

Es totalmente lógico y, a pesar de que ahora está de moda blasfemar contra todo lo que huela a banco, propongo hacer un breve ejercicio de reflexión: Ponte en su lugar, saca los 3.000€ que tengas ahorrados y préstalos a un desconocido con la intención de que en un año te los devuelva, junto con 100€ más de intereses. ¿No te crea un mínimo de intranquilidad?. Imagina que descubres a esa persona de vacaciones en el caribe mientras un año después no te ha devuelto tu dinero.¿No crees que tendrías ganas de hacer algo para solucionarlo?. Por otro lado, no se me ocurre un modo de acceder a una vivienda (que no sea un alquiler) si no es recibiendo el dinero prestado. De otro modo, tendría que ahorrar largo tiempo, y si durante ese tiempo tuviese que pagar alquiler para tener donde vivir, la tarea de ahorrar se haría complicada. Los bancos nos dan su servicio y aportan igual que una panadería nos permite comer pan a diario. De lo contrario no seríamos todos clientes de (al menos) uno de ellos. Y es totalmente lógico que busquen un beneficio, como cualquier empresa que abre su puerta cada mañana.

Sin embargo, lo que entiendo que procede urgentemente mejorar, es la normativa que regula todo esto.

Es cierto que la voracidad de cualquier empresa con afán de lucro es ilimitada y que es necesario poner puertas al campo y medidas como (por ejemplo)  regular normativamente que NINGUN banco pueda provocar y premitir que una persona se endeude por encima de un límite concreto y razonable para evitar que nadie pueda acumular nuevas deudas sin antes atender las ya contraídas o, entre otras, regular y UNIFICAR (realmente, no como ahora) los métodos de tasación de las viviendas (de cara a hipotecarlas) para que tase  la empresa que tase, el resultado sea el mismo.

Medidas de esta índole serían un mecanismo regulador del precio de la vivienda (que es un derecho básico constitucional, y por tanto que como sociedad y como seres humanos, estamos obligados a proteger).

Si se limitan los importes de las tasaciones de inmuebles, no podrían subir los precios de las viviendas dado que no habría nadie que financiase su compra: Las tasaciones no permitirán la venta a precios elevados, con lo que el órgano y la norma, que regula estas valoraciones harían de freno natural ante otra posible subida de precios. Por otro lado,  los niveles salariales establecidos en cada momento, provocarían una reducción en los "ratios de endeudamiento máximos legales" que harían que la deuda máxima a conceder por parte de un banco, a cada cliente, también frene los precios de la vivienda.

Si esto se combina con un "desincentivo" fiscal que consista en gravar de un modo más agresivo las operaciones de compraventa de inmuebles con grandes plusvalías, realizadas en cortos periodos de tiempo (entre fecha de compra y de venta del inmueble), podríamos controlar con herramientas regulables, lo que debe ser un derecho básico para cualquier persona en este País.

Probablemente los habrá que hablen de "libre mercado y competencia": respeto la opinión de todo el mundo, e ilusamente espero que se respete la mía: el libre mercado debería reservarse a aquellos bienes que no se deban considerar como básicos o de primera necesidad. Es inhumano e inmoral especular con el techo, la salud o la alimentación básica de las personas. Sin embargo, por ser primeras necesidades, paradójicamente implican una demanda más fuerte y continua (o lo que es lo mismo, muy apetecible para cualquier empresa con afán de lucro) que si especulamos con tablas de windsurf o alerones de coche.

Querer es poder, pero quien tiene que querer no tengo muy claro en qué bando está... ¿o sí?.




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