Esta novela fue la más vendida en el siglo 19, y fue un recurso más de los que se usaron en contra de la esclavitud. Cosas de la vida, esto fue antes de la guerra civil de Estados Unidos, y es que las situaciones que se llevan al extremo, terminan desequilibrando en exceso la situación y se acaba rompiendo la baraja.Ahora estamos en el siglo 21, ya no se llevan esas cosas, la esclavitud fue abolida, los negros ahora son gente de color, las mujeres iguales que los hombres, y comemos bocatas de perdices a diario. O eso nos quieren vender (no se con qué finalidad, porque en la mayoría de los casos quien lo escribe es tan pringado como cualquiera). Si comparamos la situación del tío Tom con la España que nos han dejado, creo normal que se generen dudas razonables al respecto.
Es cierto que el trabajo esclavo no estaba exento de dureza y que las jornadas alcanzaban las 15 horas diarias, si bien los domingos era día de descanso, incluso en algunos casos los sábados tarde. Con este supuesto, el tío Tom trabajaría un total de unas 83 horas semanales en total, y contaría con alojamiento y alimento en la explotación agrícola en la que desarrollase su labor.
Si comparamos a este esclavo con un instalador de fibra óptica, que (según dice el diario El Mundo - ) su jornada supera las 10 horas diarias, de lunes a domingo, el trabajo efectivo al cabo de la semana sería de 70 horas.(http://www.elmundo.es/economia/2015/04/01/551c1da022601de76f8b456f.html)
Si a esto le sumamos que deben poner su propio vehículo y combustible, cotizar su autónomo y cobrar 700€ con los que atender esos gastos y costearse el caprichoso vicio de comer, cualquier parecido con la esclavitud está clarinete que sería coincidencia. Coincidencia porque el vividor de Tom comía y dormía sin cuestionarse que, tras trabajar tan larga jornada, pudiese después siquiera tener el derecho de satisfacer sus necesidades más básicas de alimento y alojamiento. Encima, el tío se pegaba día y medio de descanso cada semana, como si la productividad de la plantación no fuese con él. No me extraña que abolieran la esclavitud con tal panorama de recursos productivos desperdiciados.
Si de verdad deseamos sentirnos orgullosos de nosotros mismos, sería interesante conocer como trata la empresa que nos presta servicio a sus empleados, y a qué estamos contribuyendo siendo sus clientes. Del mismo modo que algunas textiles han explotado a personas en busca de mano de obra barata en países del tercer mundo, o que otros han vertido residuos contaminantes a ríos (que para eso están, ¿no?), no tenemos que ir tan lejos para encontrar a empresas plenamente conscientes de su afán de lucro y de lo que para esto supone la gran revolución laboral de esta década gracias a la cual, han podido recuperar su beneficio. Al fin y al cabo, la mano de obra es uno de los costes más elevados en cualquier empresa y a falta de nuevos ingresos, bien está reducir costes para aumentar el beneficio.
Ya no basta con seguir una estrategia de mercado que me permita gestionar una empresa rentable y sostenible en el largo plazo. El objetivo de un beneficio creciente, ejercicio tras ejercicio, es perseguido por todos. Cada vez más cuota de mercado, más millones de €, más accionistas contentos deseosos de participar más y más en la empresa. Esta tendencia es insostenible en el tiempo, no basta con crear una empresa para poder tener unos ingresos que me permitan vivir con holgura. Queremos más y más, y más... hasta lo enfermizo. No siendo suficiente con empresas capitalistas puras, vemos en las noticias a políticos que lo tienen todo y quieren más, hasta caer en manos de la justifica por culpa de un saco que se ha roto de tanto llenarse.
Todos los sacos se rompen.
La esclavitud en norte América terminó, hubo una guerra civil.
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