Esta entrada va a ser la más breve, y a la vez grandilocuente gracias a la imagen que la acompaña, que nada más llegar a mis manos me ha pedido a gritos ser publicada.
Nunca he comprendido como hemos llegado a la situación en que el ciudadano llegue a sentir que está a merced del ente público, o como este mismo ente puede llegar al un nivel de endeudamiento actual (déficit público) gastando más de lo que ingresa y tratándose de dinero público.
Cuando las noticias hablan de déficit público y de alcanzar un objetivo de reducción de ese déficit, como algo positivo, me pregunto qué hay que modificar en el sistema educativo actual para que la gente no reaccione a esta clase de gestión presupuestaria, o que hay que cambiar en el ordenamiento jurídico actual, para que sea ilegal gastar lo que no se tiene.
La misma diligencia de un buen padre de familia que cuida de su casa, economía incluida, es la que se espera (bueno, se debería esperar) de un ente público ya sea local, autonómico o nacional.

No hay comentarios:
Publicar un comentario