sábado, 25 de abril de 2015

El Castrato

El "Castrato" era el cantante al que le extirpaban el escroto y el tejido testicular que este contiene (lo que viene siendo el saco de los huevos) para no perder una bonita voz aguda. Resulta una decisión un poco drástica, que probablemente no sería adoptada con el consentimiento del cantante (que seguramente se descojonaría de la risa). Una vez descojonado, este podía interpretar papeles femeninos, gracias a la tesitura de voz resultante. Quizás para interpretar papeles femeninos sería buena idea contar con seres humanos de ese género pero, entonces, no seríamos como somos [...]

Lo que no se refleja en las enciclopedias Salvat que adornaban los muebles de los salones más elegantes de mi barrio es que "castrato" también es el término empleado por mis convecinos más eruditos en lingüística, para referirse al centro estadístico de bienes inmuebles de mi ciudad, encargado de la descripción física, jurídica y económica de los mismos. Veo coherente que exista un registro para tales fines, pero quizás no tan coherente lo que resulta en estos tiempos de sus "estadísticas", no muy actualizadas. 

Hoy me he encontrado con una grata sorpresa (como todas las relacionadas con materia tributaria, gracias Montoro, eres un detallista), derivada del valor catastral de mi vivienda. Mis queridos organismos públicos y clases políticas gestoras tan a favor de la ciudadanía (un par de meses de campaña cada 4 años, al menos), os dejo una cuestión candente: ¿Por qué si sube el valor de la vivienda, sube su valor catastral, pero si baja, este no lo hace?, ¿ehn?,¿ehn?...
¿Por qué insondable razón se deben pagar 4.000€ de "plusvalía" a un ayuntamiento, por un piso comprado en la cúspide de la burbuja inmobiliaria y malvendido tras 7 años de crisis, si se ha devaluado más que los videoclubs de VHS?. La plusvalía, también conocida como Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana, grava el incremento del valor del suelo. Si me veo obligado a vender por menos de lo que me costó... ¿Dónde está el incremento? Si no hay incremento... ¿cuál es la base imponible del impuesto?

Al final, la sabiduría popular tiene más razón de lo que parece, y lo que se puede confundir con una persona que no habla adecuadamente, en realidad es una muestra más de experiencia y sabiduría. El castrato define perfectamente lo que somos frente a este organismo y las normas que regulan la materia. Castrados, eunucos, borregos que hacemos lo que nos dicen igual que un pequeño le hace caso a su padre cuando este se muestra autoritario. Pero un padre también puede equivocarse, no es más que otra persona imperfecta, puede que con buena intención, pero imperfecta.

Demasiado afán recaudatorio, demasiada necesidad de que todos seamos primos de Farinelli, sin nada que aportar para rellenar el paquete del calzoncillo. Si quieren voces de soprano, que se amputen los genitales con una guillotina de papelería. Yo tiendo más al barítono y a confiar en el sentido común del sistema judicial al que pienso acudir si finalmente se da el caso. Ya vale, tíos. El universo no me ha dado genitales para nada. (Además, canto de puta pena, así que no me toquéis los huevos).

viernes, 24 de abril de 2015

La cabaña del tío Tom

Esta novela fue la más vendida en el siglo 19, y fue un recurso más de los que se usaron en contra de la esclavitud. Cosas de la vida, esto fue antes de la guerra civil de Estados Unidos, y es que las situaciones que se llevan al extremo, terminan desequilibrando en exceso la situación y se acaba rompiendo la baraja.

Ahora estamos en el siglo 21, ya no se llevan esas cosas, la esclavitud fue abolida, los negros ahora son gente de color, las mujeres iguales que los hombres, y comemos bocatas de perdices a diario. O eso nos quieren vender (no se con qué finalidad, porque en la mayoría de los casos quien lo escribe es tan pringado como cualquiera). Si comparamos la situación del tío Tom con la España que nos han dejado, creo normal que se generen dudas razonables al respecto.

Es cierto que el trabajo esclavo no estaba exento de dureza y que las jornadas alcanzaban las 15 horas diarias, si bien los domingos era día de descanso, incluso en algunos casos los sábados tarde. Con este supuesto, el tío Tom trabajaría un total de unas 83 horas semanales en total, y contaría con alojamiento y alimento en la explotación agrícola en la que desarrollase su labor.

Si comparamos a este esclavo con un instalador de fibra óptica, que (según dice el diario El Mundo - ) su jornada supera las 10 horas diarias, de lunes a domingo, el trabajo efectivo al cabo de la semana sería de 70 horas.(http://www.elmundo.es/economia/2015/04/01/551c1da022601de76f8b456f.html)

Si a esto le sumamos que deben poner su propio vehículo y combustible, cotizar su autónomo y cobrar 700€ con los que atender esos gastos y costearse el caprichoso vicio de comer, cualquier parecido con la esclavitud está clarinete que sería coincidencia. Coincidencia porque el vividor de Tom comía y dormía sin cuestionarse que, tras trabajar tan larga jornada, pudiese después siquiera tener el derecho de satisfacer sus necesidades más básicas de alimento y alojamiento. Encima, el tío se pegaba día y medio de descanso cada semana, como si la productividad de la plantación no fuese con él. No me extraña que abolieran la esclavitud con tal panorama de recursos productivos desperdiciados.

Si de verdad deseamos sentirnos orgullosos de nosotros mismos, sería interesante conocer como trata la empresa que nos presta servicio a sus empleados, y a qué estamos contribuyendo siendo sus clientes. Del mismo modo que algunas textiles han explotado a personas en busca de mano de obra barata en países del tercer mundo, o que otros han vertido residuos contaminantes a ríos (que para eso están, ¿no?), no tenemos que ir tan lejos para encontrar a empresas plenamente conscientes de su afán de lucro y de lo que para esto supone la gran revolución laboral de esta década gracias a la cual, han podido recuperar su beneficio. Al fin y al cabo, la mano de obra es uno de los costes más elevados en cualquier empresa y a falta de nuevos ingresos, bien está reducir costes para aumentar el beneficio.

Ya no basta con seguir una estrategia de mercado que me permita gestionar una empresa rentable y sostenible en el largo plazo. El objetivo de un beneficio creciente, ejercicio tras ejercicio, es perseguido por todos. Cada vez más cuota de mercado, más millones de €, más accionistas contentos deseosos de participar más y más en la empresa. Esta tendencia es insostenible en el tiempo, no basta con crear una empresa para poder tener unos ingresos que me permitan vivir con holgura. Queremos más y más, y más... hasta lo enfermizo. No siendo suficiente con empresas capitalistas puras, vemos en las noticias a políticos que lo tienen todo y quieren más, hasta caer en manos de la justifica por culpa de un saco que se ha roto de tanto llenarse.

Todos los sacos se rompen.
La esclavitud en norte América terminó, hubo una guerra civil.