domingo, 13 de septiembre de 2015

The Banking Dead

Stop. Callejón sin salida. Por más que corras, esto se acaba y en cosas como esta, ninguna persona es diferente al resto, excepto por el modo en el que se pueda llegar al final del trayecto.
Los faraones se enterraban bajo pirámides suntuosas, repletos de enseres, objetos valiosos e incluso sirvientes con la idea de que pudiesen resultarles de utilidad en "la otra vida" y en la actualidad se podría decir que son imitados por los grandes empresarios de este siglo.
Recientemente falleció D. Emilio Botín. Tantos años de trabajo, con tantos éxitos empresariales, bien podrían haberle valido para que Dios le concediese una prórroga, pero no. Una vida acomodada, e incluso detalles como el ir con pantalón corto y bambas en una visita oficial del Rey puede, pero no más años de vida. Quizás si el hombre se hubiese convertido al budismo se le hubiese valido para reencarnarse ahora en ornitorrinco australiano, que dicen que son muy felices allá en las antípodas, pero me temo que actualmente el pobre hombre no haya tenido demasiado recorrido extra.
Quizás, por aquello de aprender un poco de la experiencia ajena, cabría preguntarse si merece la pena ese afán de crecer  (empresarialmente hablando), trabajar  y acaparar tanto para, finalmente, conocer el final de la historia de antemano. De aquí no sale vivo nadie. El trabajo dignifica al hombre, y no voy a ser tan cínico de negar que vivir bien nos gustaría a todos pero, como todo en esta vida, la virtud podría encontrarse en un término medio. Un saldo en el banco que no seremos capaces de gastar ni en esta ni en 4 vidas más consecutivas que viviésemos, podría suponer también un fracaso. Tanto si no somos capaces de llegar a fin de mes, como si teniéndolo no somos realmente capaces de disfrutar y ser felices hasta el punto de que una bajada en el volumen de ventas de la línea de yogures desnatados con bífidus nos suponga un amago de ictus, es indicador de no estar jugando bien las cartas.
Ojo, no tengo el honor de haber conocido a este señor, que conste que solo reflexiono a raíz de su fallecimiento, pero, igual que el faraón se llevaba el oro para la otra vida, parece en algún momento que este tipo de empresarios contaran con que se van a levantar al más puro estilo zombie en The Walking Dead y deben guardar y guardar por si necesitan suelto en su momento para comprar un par de cerebros con que alimentarse de aquí a la eternidad (eso contando con que no le den un hachazo en la sien y se  re-muera de forma definitiva).
Cualquiera podrá decir que esta retahíla es la propia de una persona de clase ¿media? y que realmente a todos nos gustaría ser capaces de llegar a ciertos niveles... bueno, cada uno tiene sus preferencias y esa podría ser la de muchas personas pero, al margen de eso (que es algo muy subjetivo) sí hay algo que tengo claro: en el siglo XXI somos muy modernos y civilizados. Hemos creado una sociedad muy compleja, entre leyes e interrelaciones económicas en un mundo globalizado y cada vez más pequeño. Y se nos está olvidando un pequeño detalle, cada día más: Somos seres vivos, casi animales, con necesidades básicas que satisfacer tanto materiales como afectivas. Defecamos, orinamos, comemos, dormimos, lloramos, reímos... contamos con una vergüenza tóxica que nos lleva a ocultar cada vez más nuestra faceta emocional y valemos más por lo que hacemos que por quienes somos. Cada día más, nos cerramos delante de una pantalla de móvil, tablet o PC y se nos olvida correr, saltar, gritar, tirarnos al suelo para jugar con nuestros pequeños...Y no me gustaría llegar a cierta edad o a mi lecho de muerte y pensar que no he reído ni llorado lo suficiente pero, eso sí, mi empresa ha subido en el IBEX 1.324,50 puntos básicos en la última semana. Susto me da darme cuenta tarde de estas cosas... ¡Ah!, y que descanse en paz. Siempre es lamentable que un ser humano nos abandone.

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